Respira bien
A diario respiramos alrededor de 20.000 veces.
Respirar es un proceso fisiológico automático e involuntario que iniciamos al nacer y terminamos al morir.
Es clave para nuestra supervivencia, por eso nunca dejamos de hacerlo.
Durante este proceso, las células del cuerpo se nutren con el oxígeno, y lo expulsamos en forma de dióxido de carbono.
Respiración consciente
La respiración es una función automática del cuerpo, pero cuando se convierte en un acto consciente, puede transformarse en una poderosa herramienta para el equilibrio físico y mental.
Pese a ser un proceso automático podemos modificarlo, cambiar la forma en cómo respiramos puede aportar beneficios para la salud física y mental.
La importancia de saber respirar bien
Persigue tu bienestar
Una gran parte de la población respira de forma superficial y rápida, haciendo mover nuestro pecho, pero debemos saber que, de este modo, limitamos la oxigenación del cuerpo y activa el sistema nervioso simpático, además de generar tensión muscular
La mayoría de las personas respira de forma superficial, rápida y con predominio del pecho.
Este tipo de respiración limita la oxigenación del cuerpo, activa el sistema nervioso simpático (asociado al estrés) y genera tensión muscular.
De modo que algunas personas, a menudo, sienten estrés y ansiedad, muchas veces provocado por el modo incorrecto de respirar.
La importancia de saber cómo respirar
Aprende a respirar
Aprender a respirar de forma eficiente es una herramienta sencilla, accesible y con efectos comprobados sobre el bienestar general.
Es decir, una respiración profunda y consciente activa el sistema parasimpático, que induce relajación, regula el ritmo cardíaco y favorece la claridad mental.

Respiración consciente
Cada vez más profesionales de la salud integran estas prácticas en tratamientos complementarios
Principales beneficios de la respiración consciente
- Reducción del estrés y la ansiedad: al ralentizar el ritmo respiratorio, se disminuye la actividad del sistema nervioso simpático.
- Mejora de la concentración y la atención: enfocar la mente en la respiración ayuda a disminuir la dispersión mental.
- Mayor control emocional: facilita la gestión de reacciones impulsivas y promueve un estado de calma interior.
- Disminución de la tensión muscular: la respiración profunda relaja el cuerpo de forma natural.
- Mejor oxigenación: al utilizar plenamente los pulmones, se favorece el intercambio gaseoso y la energía celular.
- Mejor descanso nocturno: integrar técnicas respiratorias antes de dormir puede ayudar a conciliar el sueño y mejorar su calidad.
Respiración consciente en la salud integral
Cada vez más profesionales de la salud integran estas prácticas en tratamientos complementarios para abordar trastornos como:
- Estrés crónico y ansiedad generalizada.
- Hipertensión arterial.
- Dolores de cabeza tensionales.
- Trastornos digestivos relacionados con el estrés.
- Fatiga persistente o insomnio.
Esto demuestra que la respiración es mucho más que una función biológica: es un recurso terapéutico de gran valor.
3 ejercicios para respirar bien
1. Respiración profunda
Esta es una de las técnicas de respiración más sencillas, sirve para inducir un estado anímico calmado y relajado.
Consiste en tomar aire por la nariz durante unos 4 segundos.
Lo mantenemos en los pulmones mientras contamos hasta 4 mentalmente y con mucha calma.
A continuación, procedemos a soltar el aire con tranquilidad durante otros 4 segundos.
Repetimos durante 5 o 6 veces.
2. Respiración completa
En este ejercicio se aplica la respiración abdominal, que es profunda.
Primero expulsamos todo el aire de los pulmones, haciendo que queden bien vacíos. Después, procedemos a inspirar suave y profundamente, con el fin de llenar al máximo el abdomen, seguido de los pulmones y el pecho.
Mantenemos el aire unos 4 segundos y lo expulsamos lentamente, notando como se vacía primero el tórax y después el abdomen.
3. Respiración para dormir mejor
Este ejercicio de respiración consciente nos servirá para controlar el estrés y, consecuentemente, dormiremos mejor.
Colocamos la punta de la lengua en el paladar, justo detrás de los incisivos superiores. Inhalaremos por la nariz durante unos 4 segundos, mantendremos la respiración entre 6 y 8 segundos.
Una vez pasadas estas dos primeras partes, exhalamos por la boca frunciendo los labios y haciendo ruido, soplando, notando como liberamos toda nuestra tensión interna, durante unos 8 segundos. Repetiremos todo el ejercicio unas cuatro veces más.
Fuentes: psicologiaymente, sanitas
